La niebla estaba allí por algo. No era natural que en un día de tan altas temperaturas y un cielo tan límpido, tan azúl... Hubiera una niebla tan densa, y menos en aquel lugar, donde, según el mapa, no había ningún pantano cerca.
La montaña era empinada, con una gran pendiente. De vez en cuando soplaba una ligera brisa, caliente, pero que era una bencidión para el cuerpo de la joven.
Gracias a la niebla que, quien entendiera o tuviera unos sentidos muy agudizados podría oler la magia a kilómetros a la redonda. No por nada la llamaban "La montaña prohibida". Eso era porque los visitantes no eran deseados por aquel lugar. Los "despedían" sin miramientos y de muy malas formas, dando así al lugar, una mala imagen y una reputación horrible.
Shanelle caminaba por aquelos lares sin saber muy bien hacia donde se dirigía. Sin saber si el mapa estaba del derecho o del revés, pues, por más que intentaba salir de aquella niebla, nunca lo conseguía. Al revés, parecía que se iba internando más y más adentro.
En esos momentos, mientras miraba el mapa [puesto del derecho pues en todo momento lo había cogido de la forma correcta] chocó contra algo que la hizo saltar varias pasos hacia atrás.
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¿Quién está ahí? -Preguntó con valentía.-